¿DECISIONES PRECIPITADAS? 5 FORMAS DE AYUDARTE A TOMARLAS EN EL MOMENTO ADECUADO

Llega el verano y con él ese momento en el que decidimos que, ya que vamos a descansar de nuestra rutina diaria, quizás es el mejor momento para empezar a tomar decisiones sobre todas esas cosas que nos han estado revoloteando por la mente y que nos tienen intranquilos.

Y quizás como planteamiento podría ser correcto pero, no siempre será el mejor momento para tomar las decisiones. A veces, es bueno parar, desconectar también de esos pensamientos que nos han atormentado porque quizás, al dejar de tener nuestras rutinas, tomemos decisiones precipitadas porque esos pensamientos son más persistentes al tener mas tiempo para hacerles caso y, al querer desprendernos de ellos, no lo gestionemos de la mejor manera

Pero tranquilos, no se trata de procrastinar de manera completa. Se trata de darle distancia emocional a esas cuestiones para poder afrontarlas sin distorsiones. Y por eso te proponemos estos 5 consejos.

1 Deja para mañana lo que no puedas gestionar correctamente hoy

Sin más, no pasa nada por parar. Ya sabemos que eso que nos reconcome por dentro nos genera malestar. Que hay cosas que quieres que tengan cambios y que te cuesta que no se den o no sepas como hacerlo. Pero también es cierto que cuando algo nos atormenta en exceso puede hacerlo de forma distorsionada. Que las emociones desagradables que nos generan no sepamos gestionarlas y no distingamos los pensamientos que nos llevan a ellas. Y de ese modo tomar decisiones puede convertirse en un acto impulsivo, nada meditado y que al poco tiempo se convierta en otra cuestión a gestionar.

Cuando algo nos atormenta en exceso puede hacerlo de forma distorsionada. Que las emociones desagradables que nos generan no sepamos gestionarlas y no distingamos los pensamientos que nos llevan a ellas.

Así que no pasa nada porque abandonemos esos pensamientos, temporalmente eso si, no os atormentéis pensando que estáis evitando las cosas. Lo importante es tener claro que solo le estáis dando esa distancia momentánea. Fijad un mejor momento para trabajarlo y poder gestionarlo de una manera más calmada.

2 Mens sana in corpore distraído

Si estamos en la cama y nos duele el cuerpo de estar en la misma posición nos movemos para cambiar de lado. Si me molesta la luz busco la manera de eliminar la fuente que la emite. Al igual que en esas situaciones, si algo está atormentando mi cabeza por mucho rato y emocionalmente no soy capaz de gestionar las distorsiones que me llevan a ese tormento lo mejor es que distraigamos a nuestra cabeza. Y el verano invita a poder encontrar millones de formas de hacerlo. Coge un buen libro y vete a la playa o a la piscina con él, nada y déjate llevar por la sensación del agua fresca en el cuerpo cuando hace calor, sal con amigos o incluso buscad entretenimientos como juegos, actividades acuáticas… ¿O acaso no sois capaces de recordar la sensación agradable al jugar a las palas en la playa o saltando sobre las olas? Esa sensación puede ayudar a apaciguar y dar esa distancia que necesitamos.

3 Lápiz y papel complemento perfecto

Está claro, por mucho que nos distraigamos no ha desaparecido aquello que nos tiene intranquilos. ¿Y qué hago si no puedo estar siempre evitándolo? Bueno, pues démosle su espacio. Dejemos que se exprese de algún modo. Y qué mejor que le demos cabida que en un sitio donde podamos volver a revisar lo que nos está diciendo más adelante, con más distancia, con la posibilidad de poder analizarlo sin distorsiones. Escribamos eso que sentimos, plasmemos eso que pensamos y de dónde viene. Dejemos que se exprese y una vez que lo haya hecho sigamos con el descanso.

Escribamos eso que sentimos, plasmemos eso que pensamos y de dónde viene. Dejemos que se exprese y una vez que lo haya hecho sigamos con el descanso.

4 Todo tiene su fin

Lo decían “Los Módulos” (o “Medina Azahara” en su versión de la misma canción) pero “Todo tiene su fin”. Y hay que tener planificado que hay un momento para gestionar esas cuestiones que nos tienen intranquilos. No podemos evitarlo eternamente. Se trataba de ponerle una pequeña distancia para poder trabajarlo de la mejor manera y tomar las decisiones más adecuadas o al menos, mejor gestionadas. Pero no nos agobiemos. Planificar o poner fecha al trabajo de esto no es motivo para alarmarnos cuando se acerque el momento. Recordad que estaréis mejor preparados, con más descanso, con un espacio donde habréis podido tomar mejor conciencia de esas emociones e incluso las tendréis, si habéis hecho caso al consejo 3, escritas en algún lado. Será el momento de tomar decisiones. De entendernos, de conversar con nosotros mismos, de empatizar con lo que nos pasa y actuar para que esas emociones desagradables que nos estaban diciendo algo se tornen en lo que realmente eran, un aviso de que algo nos estaba moviendo por dentro y necesitábamos actuar.

5 No hay decisión mal tomada sino no tomada.

Bueno, no siempre es el caso, pero si es un mantra a tener en cuenta. La inacción si es una indecisión y por tanto si queremos o buscamos cambios si no hacemos algo eso jamás ocurrirá. Y aquí surge la eterna pregunta que nos hace dudar… ¿y si no es la decisión adecuada? Pues lo descubriremos después, como todo, y tendremos que aceptar la responsabilidad de nuestra decisión. Y si no era lo más adecuado habrá que aceptar que nos equivocamos. Y habrá que gestionar eso pero… ¿acaso hay algún modo de saber qué va a ocurrir después? Seguramente habrá muchos factores que podamos tener controlados, pero también habrá otros muchos que no dependan de nosotros y por tanto se nos escapen. Puedo decidir irme de vacaciones a una zona en la que no suele llover aunque tengo una oferta estupenda en otra en la que si lo suele hacer porque, por norma general eso siempre suele ser así y prefiero que me haga buen tiempo. Y llega el momento de las vacaciones y resulta que la semana que me voy llueve en el sitio elegido mientras que en el otro no. ¿Me equivoqué? Si. ¿Tenía forma de saberlo cuando lo reserve? Seguramente no. Hasta que no ha ocurrido no podíamos saberlo. Por eso no nos preocupemos en exceso. Los “¿Y si…?” pueden ser muchos y el estar pensando en ellos continuamente lo único que consiguen es que nos preocupemos antes de que pasen y si pasan, después de nuevo. Pero si no ocurren nos hemos generado una preocupación previa que era innecesaria y que nos ha generado malestar e intranquilidad. Ya habrá tiempo de ocuparnos de lo que pase.

La inacción si es una indecisión y por tanto si queremos o buscamos cambios si no hacemos algo eso jamás ocurrirá.

Y recordad como siempre, si necesitáis de todos modos ayuda para gestionarlo pedidla. Nosotros estaremos encantados de poder acompañaros en lo que necesitéis.